El caso curioso de La Borrica

Posted on marzo 2, 2015

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Hace unos días una amiga me invitó a su pueblo natal en el extremo sur de Castilla-La Mancha para presenciar una de las fiestas quizás más oscuras de España: La Borrica.  Se celebra en Torrenueva y ni siquiera merece una entrada en Wikipedia; en primer lugar tal vez porque nadie puede ponerse de acuerdo sobre cuándo o por qué se convirtió en una fiesta.

La Borrica, 1948Algunos afirman que La Borrica era originalmente una fiesta para dar gracias por el regreso de los soldados españoles de la guerra de Flandes. Otros sugieren que era una actividad de recaudación de fondos creada por un una cofradía del siglo XVII que simplemente se disfrazaba de soldadesca. Hay incluso  quienes creen que conmemora una batalla de la época morisca  en la que los lugareños salieron para defender sus tierras montado en burros.

Aparte de sus orígenes inciertos, La Borrica tiene un buen número de otras peculiaridades.

En primer lugar, la fiesta no comienza en la plaza o calle mayor, ni en la iglesia ni en el ayuntamiento, sino en la casa anodina de una de las familias del pueblo. Para localizarla, se cuelgan peleles en cada extremo de la calle, Uno de los pelelescosa que a primera vista puede parecer un poco siniestra. Sin embargo, La Borrica empieza a las ocho de la mañana en medio de la semana de carnaval. Encontrar la casa supone todo un reto para aquellos con buena resaca de la noche anterior.

Los fiesteros hacen el esfuerzo porque uno de los deberes de la familia de honor es el de ofrecer a todos un buen desayuno; algo que se agradece porque en el día que estuvimos soplaba un viento gélido y llovía.

Bandera de las ánimasLo que es menos reconfortante es la ceremonia que precede al desayuno. Desde el último piso de la casa, un familiar despliega una bandera con un motivo un poco inquietante. Aparte de preguntarme qué hacía la insignia pirata en la provincia sin litoral de Ciudad Real, no pude dejar de recordar que era también el emblema internacional del veneno.

Pero la fiesta de La Borrica no tiene nada que ver con el envenenamiento ni con la piratería. Se trata de una promesa que el cabeza de familia o “abanderado”- ha hecho a las benditas ánimas del purgatorio. Parte de esa promesa consiste en invitar a comer y beber a todos los habitantes del pueblo, unas 3.000 almas. Aun así, lo que rara vez se sabe es por qué la familia se ha comprometido a este gasto enorme.

Desayuno en la casa del abaneradoPor lo que, cuando todos entramos en la casa para el desayuno, la gran pregunta tácita era ¿qué acontecimiento había  motivado en esta edición de la fiesta la promesa de la familia?  La especulación se centraba en un supuesto suicidio en la familia, pero para no contribuir gratuitamente a la Leyenda Negra, debo añadir que algunas familias se ofrecen como “abanderados” sólo por el gusto de hacerlo.

Copas de vino y la ensaláSi el ambiente dentro tenía algo de velatorio céltico era más por el consumo temprano del alcohol que por otra cosa.  Después de unas tazas de chocolate y magdalenas, los asistentes procedieron  a beber varias copas de vino de Valdepeñas acompañadas por pan rústico mojado en “ensalá”: una mezcla potente de aceite, limón, ajo y pimentón. Así que, cuando la familia se dirigió a la misa, los demás sentíamos una necesidad irresistible de volver a la cama.

Calle al mediodíaDe hecho, una siesta matinal es una buena opción, dado que las festividades de La Borrica no recomienzan hasta mediodía. Para entonces, los espectadores se han multiplicado por diez y, acuñando una frase, la calle frente al hogar familiar estaba hasta la bandera. También se incorporan decenas de jinetes montados en sus caballos. El burro del puebloEn el pasado, montaban en burros, y de ahí el nombre de la fiesta, pero debido a la mecanización agrícola, ya solo existe un ejemplar de este entrañable animal en todo el pueblo.

A las dos de la tarde, se descuelga la bandera del balcón y se la transmite al cabeza de familia, que ahora está sentado en un caballo. A su lado, otro miembro de la familia toma el bastón de mando del alcalde y un tercero lleva un tambor. La Iglesia de Santiago el MayorLuego, con el acompañamiento  de unos golpes al mismo, la caballería de vecinos sale para la Plaza de España donde, delante de la iglesia de Santiago el Mayor, se ofrece una oración a los muertos.

Lo que sigue a continuación es tan entretenido como arriesgado. Toda la cabalgata recorre a galope las estrechas calles de la localidad, pasando por todas y cada una de las ermitas de la localidad. Los caballos corren un alto riesgo de caerse al dar la vuelta a esquinas en ángulo recto, especialmente si ha llovido. Sin embargo, rara vez se suspende la cabalgata aunque parece que en un año, debido a una fuerte nevada, se tuvo que hacer el recorrido en tractores y remolques.

La oferta de postres manchegosDe vez en cuando los jinetes toman un descanso delante de la casa de la familia, donde se les ofrece – a ellos y a los espectadores – una selección de postres manchegos como buñuelos, rosquillos, ojuelos y sequillos. Todo esto se baja con un ponche local de limón, vino blanco, gaseosa y un montón de azúcar. El limoná con pasajeroEl “limoná”, que se ha preparado toda la mañana, asegura de que cada circuito de las ermitas es un poco más temerario que el anterior.

Los espectadores con gusto por el riesgo pueden también pedir un aventón en un caballo, pero confieso que me faltó el ánimo. Al final de la tarde, las cabalgatas se van haciendo progresivamente más cortas y la fiesta se termina con la llegada del cura para aceptar limosnas para las almas benditas del purgatorio.

Independientemente de si  La Borrica tiene su origen como actividad de recaudación de fondos para la Iglesia, sin duda lo es ahora.

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