6 maneras de hablar que comparten los españoles e ingleses

Posted on julio 14, 2014

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Dicen que no puede entenderse una cultura sin comprender su idioma. Sin embargo, hay un elemento lingüístico y poderoso que, aunque pasa casi desapercibido, trasciende a los idiomas. Me refiero al uso de las figuras retoricas. Esas que sirven para construir frases inmortales que enfatizan una idea, persuaden a quien las escucha o, simplemente, se convierten en un deleite. Por increíble que parezca, tanto en español como en inglés utilizamos las mismas. A continuación, os expongo mis seis favoritas:

La regla del tres

Regla del tresNadie sabe por qué una frase que contiene tres partes claramente definidas se recuerda con más facilidad y penetra en el inconsciente con más fuerza, pero lo cierto es que esta figura retórica es tan antigua como universal. Los griegos la definieron como tricolon, pero no podemos otorgarle a ellos su paternidad, ya que al otro lado del planeta Confucio proclamaba en la misma época: “oigo y olvido; veo y recuerdo; hago y comprendo”.

A los políticos les encanta la regla del tres porque consigue que sus mensajes y eslóganes parezcan, de un modo ficticio, más coherentes y meticulosos. A lo largo de la historia ha servido para ensalzar sueños utópicos, como el lema de revolución francesa, “Liberté, Egalité, Fraternité”, o pesadillas autoritarias, como el “Ein Reich! Ein Volk, Ein Führer” utilizado por los nazis. En España el franquismo recurrió al “¡Una, grande y libre! y, medio siglo más tarde, Felipe GonzalezFelipe González utilizó la misma figura retórica: “nos proponemos gobernar sobre la base de tres principios que quiero proclamar categóricamente… Paz, unidad y progreso”.

Tan importante es esta regla que, cuando se trata de hacer una lista convincente, no es el contenido lo que cuenta, sino el numero. En la declaración de independencia de los Estados Unidos, en la que se defienden dos baluartes importantes como el derecho a la vida y a la libertad, hacía falta un tercero: “Life, liberty and the pursuit of happiness”. Proclamar como derecho la búsqueda de la felicidad no parece tener mucho sentido, pero sonaba bien. Y si, como hemos visto, dos elementos no eran suficientes para perfilar una frase redonda, cuatro eran demasiados. Pocos recuerdan que, en los primeros compases de la Segunda Guerra Mundial, el primer ministro británico, Winston Churchill, declaró que sólo podía ofrecer a mis compatriotas “blood, toil, tears and sweat”. Demasiadas cosas quizás, no para ser ofrecidas, sino para ser retenidas en la mente. Por eso, hoy en día casi todos creemos que sólo dijo “sangre, sudor y lágrimas”.

La repetición consecutiva

EpizeuxisSi las tres partes de un tricolon solo consisten en la repetición de la misma palabra, los griegos lo consideraron un ejemplo de epizeuxis. En la campaña electoral de 1996, Julio Anguita utilizó esta figura de retorica en su conocido lema, “programa, programa, programa” para enfatizar que cualquier acuerdo con el PSOE debía establecerse bajo acuerdos programáticos concretos. Sus seguidores habrían podido responder  “Bueno, pero bueno, bueno” y sus críticos “tonto, pero tonto, tonto”, porque repetición es común en el español coloquial, pero no se emplea el epizeuxis solo en España. En 1990, Margaret Thatcher rechazó una mayor integración europea con un definitivo “No, no, no” y siete años más tarde, Tony Blair declaró que sus tres prioridades eran “Education, education, education”. Tanto en el español como en el inglés, esta forma de repetición consecutiva es como la bomba atómica de la retorica; muy poderosa, pero un poco cargante si se utiliza demasiado.

Palabras introductorias repetidas

En cambio, lo que los griegos llamaban la anáfora solo funciona si se la utiliza varias veces. Es la práctica de empezar cada frase de un discurso o un poema con las mismas palabras.

Los políticos usan la anáfora para asegurar, unir e inspirar. Con su repetición de “Puedo prometer y prometo” siete veces en el mismo discurso, Adolfo Suarez se ganó la confianza de los votantes de la recién nacida democracia española. Por su parte, Martin Luther King la utilizó en su mítico discurso, “I have a dream” (Tengo un sueño) para convencer a los estadounidenses que la gente negra y blanca pudiesen coexistir armoniosamente y como iguales.

Lo interesante es que la fuerza de la anáfora es tan fuerte que anula el resto del contenido del discurso. Por eso, ni recordamos con exactitud qué prometió Suarez ni los detalles del sueño de King. We shall fight...Algo parecido sucede con el conocido alegato de Winston Churchill “Nunca nos rendiremos”. Sólo recordamos que cada frase empieza con “We shall fight…” (Lucharemos), pero no dónde y cómo… y lo cierto es que esa fue su intención. En realidad, el contenido del discurso es una larga descripción de una retirada en que los británicos empiezan luchando en la playa, luego en el campo y en las ciudades y terminan acorralados en unas montañas en el norte de Inglaterra.

En fin, sospecho que a los políticos les encantan las anáforas porque, además de dar la sensación de convicción, sirven que el público no recuerde exactamente en qué consistían esas convicciones.

Palabras finales repetidas

Si no se quiere repetir las mismas palabras al principio de una locución, se puede hacerlo al final; y en este caso se llama una epístrofe. Tiene algo de obsesivo y se utiliza en muchas canciones de amor como “Hallelujah” de Leonard Cohen, “The man I love” de Gershin o “Bye, bye, Miss American Pie” de Don McLean.

Como bien sabía Cervantes, la epístrofe también da una sensación de inevitabilidad: “De padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones…”. Cuando se consigue que algo parezca inevitable, muchos pueden pensar que en realidad lo es. Esta cualidad es la que, quizás, hace que las epístrofes sean tan atractivas en política. En su famoso discurso en la ONU en 1979, Fidel Castro no se dejó de utilizarla:

Fidel Castro“El intercambio desigual, arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar!

La inflación que se nos exporta, arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar!.

El proteccionismo, arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar!”.

Y por supuesto, no hay que olvidar el máximo exponente de la epístrofe hoy día; Barak Obama. En su discurso de victoria en 2008, termino seis de sus afirmaciones con su lema favorito, “Yes we can”.

Frases paralelas

El paralelismo ocurre cuando dos oraciones o frases son paralelas gramaticalmente o son estructuralmente similares. Se utiliza para destacar similitudes y diferencias, especialmente en proverbios y refranes. Por ejemplo, en español se dice “el que no trabaje, que no coma”. Este mismo paralelismo se usa para un dicho equivalente en inglés: “No bees, no honey; no work, no money”. (Sin abejas, no hay miel; Sin trabajo, no hay dinero).

OrangeEn manos de los publicistas,  suele emplearse el paralelismo para asociar una marca con alguna actividad o cualidad, aunque no necesariamente tengan que ver la una con la otra: “Have a break. Have a Kit-Kat” (Tómate un respiro. Tómate un Kit-Kat) o “The future’s bright. The future’s Orange” (El futuro es brillante. El futuro es Orange). Hasta el ex presentador de Antena 3, Ernesto Sáenz de Buruaga, utilizaba el paralelismo al final de sus informativos, para mostrar el supuesto compromiso de su cadena con la verdad: “así son las cosas y así se las hemos contado”.

Frases simétricas

SimetríaDe todas las figuras retóricas, mi preferida es la que los griegos conocían como Quiasmo, que consiste en la repetición en orden inverso de palabras, construcciones gramaticales o diferentes conceptos. Ya los Reyes Católicos fueron conscientes del valor de esta estructura simétrica, al utilizarla su escudo de armas: “Tanto monta, monta tanto”.

Hoy día todo el mundo reconoce que la frase simétrica es genialmente sencilla y sencillamente genial. (También un lema del fabricante Bosch). Nos encantan los quiasmos porque permiten visualizar una misma situación desde una perspectiva dual completamente diferente. Por eso sabemos que hay mucha distancia entre “querer lo que se cree y creer lo que se quiere”.

De hecho, la simetría del quiasmo no solo permite una notable actividad reflexiva, pero también refleja reciprocidad. De ahí, el grito de combate de Los Tres Mosqueteros de Dumas era “tous pour un, un pour tous” (uno para todos, todos para uno).

Quizás son también estas cualidades simétricas de reflexión y de reciprocidad las que tanto atraen a los políticos estadounidenses. En su discurso inaugural de 1961, el presidente Kennedy pronunció la célebre frase “ask not what your country can do for you; ask what you can do for your country”. (No preguntes qué es lo que tu país puede hacer por ti; pregúntate qué es lo que tú puedes hacer por tu país). Desde entonces casi ningún presidente americano ha podido resistir el quiasmo:

El actual presidente dijo a sus tropas, “You stood up for America, now America must stand up for you” (Ustedes defendieron a los Estados Unidos, ahora los Estados Unidos debe defender a ustedes), El anterior, George Bush, advirtió que se haría justicia “Whether we bring our enemies to justice or justice to our enemies” (Ya sea que llevemos a nuestros enemigos a la justicia o la justicia a nuestros enemigos) y su predecessor, Bill Clinton, contraargumentó con la observación; “People are more impressed by the power of our example rather than the example of our power…” (La gente queda más impresionada por el poder de nuestro ejemplo que el ejemplo de nuestro poder)

Sin embargo, no quiero dejaros con la impresión que estas figuras de retorica que compartimos solo sirven para pontificar o publicitar. No hay que olvidar su uso humorístico…

Dorothy ParkerUna vez, el editor del New Yorker le recordó una fecha de entrega a la famosa periodista estadounidense Dorothy Parker mientras que ella estaba en su luna de miel. Su respuesta fue un raro ejemplo del quiasmo implícito, pero no declarado: “I’ve been too fucking busy, and vice versa.”

P.D. Mucho de mis observaciones sobre el uso de las figuras de retorica en inglés se inspiró en el libro “The Elements of Eloquence” de Mark Forsyth que recomiendo sin reservas.

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