La obsesión británica por el crimen

Posted on octubre 4, 2013

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En los últimos meses la cobertura mediática de casos como el de la niña Asunta Basterra y de José Bretón el verano pasado, me ha resultado muy familiar. Como periodista, sé muy bien que los medios de comunicación no pueden resistirse a una buena historia de asesinato y como inglés sé que los medios británicos son los más obsesivos de todos.

Puede ser que la cobertura actual del caso de Asunta señale un aumento de interés en la delincuencia por parte de la prensa española, pero parte de una base muy baja. Un estudio realizado en los años 90 concluyó que sólo el 1-2% de las noticias en los periódicos españoles trataron de crímines.

El crimen vende en el Reino Unido

Periodicos británicosEn cambio, según otro estudio británico, el 20% de las noticias de la prensa británica tratan de crímenes, y hasta un 30% en un tabloide como “The Sun”. Además, el crimen vende en el Reino Unido, como lo demuestra la tirada de “The Sun”. Se imprime 2,4 millones copias al día, más de seis  veces la tirada de El País; el periódico de pago más popular en España.

No niego que la falta de una prensa amarilla en España equivalente a la del Reino Unido pueda explicar la diferencia parcialmente, pero no toda. La prensa de un país también refleja los gustos de sus lectores y la fascinación de mis compatriotas por el crimen remonta a finales del siglo XIX por lo menos.

Un género literario típicamente británico

Imagen del periodico - Illustrated London News - 13 de octubre, 1888Entre el público en general, recibió un impulso importante en 1886, cuando Robert Luis Stevenson publicó “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde”. El año siguiente, Arthur Conan Doyle le siguió con su primera historia de Sherlock Holmes y, por una coincidencia extraña, un año más tarde Londres fue presa de las hazañas de un verdadero asesino en serie, Jack el Destripador. Esta mezcla de realidad y ficción fue tan explosiva que puso en marcha todo un género literario, típicamente británico pero conocido mundialmente.

Por supuesto, la fórmula de un detective aficionado buscando al asesino entre unos huéspedes de clase media alta en una casa de campo no tenía nada que ver con la verdadera criminalidad urbana del Reino Unido. Agatha Christie y sus librosSin embargo, el éxito de autores británicos como Conan Doyle, Dorothy L Sayers, GK Chesterton y, sobre todo, Agatha Christie fue aplastante. Se estima que la creadora de los detectives Hercules Poirot y Miss Marple, ha vendido hasta 4 mil millones de libros; una cifra que Manuel Vázquez Montalbán sólo podría haber soñado y un record sólo batido por Shakespeare y la Biblia.

La obsesión se translada a la pequeña pantalla

Es cierto que este género tan británico entró en decadencia con la llegada del cine negro de Hollywood en los años 40, pero la obsesión por el crimen de mis compatriotas no desapareció, simplemente se traslado a la pequeña pantalla.

Desde mediados de los 50, el público se enganchó con la serie de televisión, “Dixon of Dock Green”, que se centró en el trabajo de un agente de policía en el “East End” de Londres.

A pesar de las críticas sobre su paternalismo y falta de realismo, la serie continuó durante más que 20 años y su éxito alentó una ola de imitaciones. Hoy en día, por cada “El comisario” hay docenas de series policiacas británicas. Muchos, como Broadchurch o Bergerac La serie de televisión Broadchurchque se sitúan en lugares rurales idílicos e inverosímiles,  se remontan a los La serie de televisión Crackermisteriosos asesinatos de Agatha Christie, otros, como Prime Suspect o Cracker, incluyen detectives con tendencias adictivas recordando el afán de Sherlock Holmes por el opio. De hecho, en una página de Wikipedia se enumeran casi doscientas series de este género y la lista ni siquiera  incluye todas las series estadounidenses que vemos también.

Los telediarios se enganchan

A partir de los años 70, la representación de la delincuencia en la televisión británica se extendió más allá de las obras de ficción. Al ver la popularidad de los nuevos tabloides, los directivos de los telediarios decidieron meter más sucesos en sus noticias. Al final de la década, les llegó la historia perfecta; una serie de 13 asesinatos de prostitutas en el norte de Inglaterra con el culpable rápidamente apodado “El Destripador de Yorkshire”.

No había vuelta atrás y, antes del fin de los años 80, un estudio académico concluyó que las emisoras británicas prestaban más atención a las noticias sobre delitos que incluso los periódicos.

Ahora, en lugar de exportar misteriosos asesinatos ficticios, el Reino Unido exporta misterios reales, como la desaparición de Madeleine McCann en 2007. Mientras tanto, en casa, nuestra fascinación por el crimen ha dado lugar a un temor irracional en la vida real.

La realidad que imita al arte

Según un estudio de 2010, tres cuartas partes de la población creen que el crimen en el Reino Unido está empeorando y según otro, hasta el 17% temen ser víctima de un crimen violento. De nada sirven las estadísticas oficiales que muestran que el número de crímenes cometidos han caído casi a la mitad desde 1997 y que la probabilidad real de ser una víctima de violencia es solo 3%.

El resultado de este autoengaño nacional es un país que continúa gastando más de su PIB en el mantenimiento de la ley y el orden que cualquier otro en Europa Occidental. En otras palabras, un país que sufre un caso grave de la realidad que imita al arte.

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