Un cuento de dos veranos: Londres y Madrid

Posted on octubre 8, 2012

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Bajo este cielo de otoño ocasionalmente gris y lluvioso puede resultar un poco extraño hablar de verano. Pero hay algo en el tiempo actual que me despierta cierta nostalgia por la temporada pasada. Suelo repartir mi verano entre Londres y Madrid, entre mis orígenes y mi presente, y la diferencia climática entre las dos capitales me parece tan notable como su efecto en la mentalidad y comportamiento de sus ciudadanos.

El 21 de junio, el día más largo del año, es cuando la divergencia temporal más me llama la atención. A pesar del solsticio, es un momento en que Londres todavía no experimenta ningún verano reconocible. Una época en la que meteorólogos ingleses prometen intervalos de sol tan poco fiables como sus homólogos españoles que advierten de la posibilidad de algún chubasco.

Es el momento de la llegada de los primeros turistas a Londres seguido de la temporada de teatro en los parques y conciertos a lo largo de la ribera de Támesis. Por el contrario, Madrid se acerca al éxodo masivo de las vacaciones de verano, el calor aumenta y un cierto letargo se arraiga.

Temporadas turbulentas

La capital española ya ha vivido su época de mayor actividad, y no solo actividad cultural y turística. Tanto el levantamiento del 2 de mayo, la proclamación de la Segunda República del 14 de abril o la protesta 15M, me hacen pensar que Madrid es más turbulenta en abril y mayo. En cambio, los londinenses no se rebelan hasta julio o agosto como durante los incendios y saqueos en agosto de 2011 o los disturbios raciales de Notting Hill en 1958.

Latitud, altitud y actitud

Debido a su latitud norte, el sol del solsticio se levanta sobre Londres casi dos horas antes de que aparezca por encima de Madrid. Sin embargo, al estar más cerca del ecuador, a las 10:00 el sol de Madrid es casi tan vertical como el sol de mediodía en Londres. Las nubes restantes se queman dejando un cielo de azul sólido que a menudo me recuerda al cielo alpino.

Después de todo, a casi 700 metros de altitud, Madrid es la capital más alta de Europa. Por otro lado, a tan sólo 15 metros sobre el nivel del mar, Londres es una de las más bajas de Europa. De hecho, tan baja que se ha construido el segundo muro de contención móvil más grande del mundo a través del estuario del Támesis para detener la inundación de la ciudad. De Madrid al cielo, de Londres AL MAR.

Un verano incierto

Los veranos en Londres proporcionan otras razones para la incertidumbre. Mientras que las pocas nubes que quedan por encima de Madrid parecen como pequeñas bolitas de algodón clavadas en el cielo, las nubes de Londres son como grandes monstruos negros persiguiéndose a lo largo del firmamento. Es un fenómeno meteorológico que tiene su lógica. Madrid está en el centro de una península continental con un clima árido y una velocidad media del viento de solo 7 kilómetros por hora. Londres se asienta en el borde de una pequeña isla con un 70% de humedad y casi tres veces la velocidad del viento madrileño.

La imagen y la palabra

Desde hace mucho tiempo me ha fascinado el efecto de estos cielos sobre los madrileños y los londinenses. La consistencia y la calidad de la luz de Madrid, sin duda ha tenido su influencia en la expresión artística a lo largo de los siglos. Pienso en el claroscuro de la pintura del Greco, Velázquez y Goya o incluso en los colores vívidos de las películas de Almodóvar.

En cambio, Londres ha producido muy pocos pintores de renombre internacional y se entiende por qué. La luz difusa y oscura del invierno londinense es casi impenetrable y durante el verano el cambiante cielo se escapa de las manos del pintor, si no le empapa un aguacero inesperado. No es de extrañar que los londinenses de temperamento artístico hayan preferido volver a casa y escribir un libro. Por cada Turner, Londres tiene una Ackborne, Chaucer, Dickens, Thackeray, Waugh, o Woolf.

Un clima de “compromise”

Incluso me tienta ir más allá de la influencia puramente artística del clima. Por supuesto el sol anima más a la gente pero hay otra cosa. En el invierno gris de Londres las formas y figuras no están bien definidas y en el verano cambiante los londinenses nunca pueden estar seguros del futuro climático. Quizás, a lo largo de los siglos, esta incertidumbre también fomenta una cierta flexibilidad de perspectiva; una que puede alcanzar proporciones cómicas según el poeta irlandés WB Yeats:

¿Sabes cuál es la idea que tiene un inglés sobre un acuerdo con concesiones recíprocas? Él dice: ‘Hay personas que dicen que Dios existe. Hay otras personas que dicen que Dios no existe. La verdad, probablemente, se encuentra en algún lugar entre las dos afirmaciones. ‘

Nadie podría acusar a la cultura española de este nivel de ambigüedad. Es difícil encontrar una única palabra en español para traducir el concepto inglés de “compromise”. A menudo se traduce como “acuerdo” o “arreglo”, pero esto no incluye de forma explícita la idea de concesiones recíprocas. La palabra “transigir” contiene el concepto de hacer concesiones, pero sólo con connotaciones negativas. Por ejemplo, el diccionario de la Real Academia Española la define la como “Consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia”. Definido así, ¿quién tendría interés en transigir?

Y me pregunto si los rayos ardientes y sin filtrar del sol madrileño tiene algo que ver con esta sospecha hacia el toma y daca. ¿Podría ser que, a lo largo de los siglos, estos rayos que dividen Madrid en bloques inmutables de sol y sombra han convencido a sus ciudadanos de que la vida exige una cierta crudeza de elección?

Postdata del 15.12.2012
Hace algunos días un grupo de estudiantes de Alicante me mandaron un enlace a su página web dedicado al turismo en Londres. Me parece una iniciativa interesante así que reproduzco el enlace aquí por si a caso alguien le interesa: www.ylondres.com

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