El momento en el que los británicos perdieron su fe en la Unión Monetaria

Posted on septiembre 13, 2012

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Hace 20 años (16 de septiembre 1992) el Reino Unido vivió el Black Wednesday (Miércoles Negro): una crisis financiera que humilló al país, condenó el gobierno conservador a 13 años en la oposición y aseguro que los británicos nunca participarían en el lanzamiento del euro como moneda única.

La crisis consistió en el casi colapso del antepasado inmediato del euro: el Sistema Monetario Europeo (SME). En mi post anterior, he intentado esbozar algunos de los factores que condujeron al Black Wednesday. Sin embargo, creo que los eventos del 16 de septiembre de 1992 y los días inmediatamente anteriores son tan dramáticos que merecen una atención especial.

Como ha ocurrido este agosto entonces se produjo la misma desaceleración en operaciones financieras durante el verano de 1992, creando la misma sensación de calma antes de la tormenta. Pero en vez de especulación sobre la deuda española, en este caso la tormenta consistió en ataques y apuestas financieras sobre la debilidad de la libra esterlina y la lira italiana. Estaba en juego el futuro del mecanismo de tipos de cambio (MTC), la pieza central del SME. Este mecanismo había restringido los tipos de cambio de las monedas de los países participantes a unos márgenes de fluctuación específicos.

El 10 de setiembre John Major, sucesor de la Dama de Hierro Margaret Thatcher, reiteró su determinación de mantener la libra en el MTC con palabras que iban a perseguirle el resto de su vida política:

“La opción fácil, la opción de devaluar, la opción inflacionaria… A mi juicio, eso sería una traición a nuestro futuro en este momento, y les digo categóricamente que no es la política del gobierno”.

Pero los especuladores tenían otras ideas y cuatro días más tarde, después de la devaluación forzada de la lira italiana, el Banco Central Alemán sorprendió a los mercados con una bajada de sus tipos de interés en un último intento de aliviar la presión sobre la lira y la libra. Como en la crisis actual, los demás países miembros del MTC habían estado pidiendo durante meses una acción del Bundesbank. Pero cuando llegó fue sólo una bajada de medio punto, y demasiado tarde.

El 15 de septiembre, durante las operaciones nocturnas en los mercados de Nueva York y Tokio, la libra esterlina cayó por primera vez por debajo del mínimo permitido por el MTC. Fue el comienzo de uno de los días más dramáticos en la historia financiera del Reino Unido.

A las 08.00h del miércoles 16 de septiembre 1992, el Banco de Inglaterra lanza una compra masiva de libras utilizando sus reservas de divisas extranjeras y oro. Sin embargo, la bolsa de Londres abre en rojo y las pérdidas aumentan a lo largo de la mañana.

A las 10.30h, los bancos centrales de Alemania, Francia y Bélgica se unen al Banco de Inglaterra en la compra de libras esterlinas, pero esto no basta para hacerla remontar: sigue por debajo del valor mínimo que le impone el MTC.

A las 11.00h, el banco central británico anuncia una subida del 2% en el tipo de interés principal, hasta situarlo en el 12% con efecto inmediato, pero la caída de la libra continua y el Banco de Inglaterra ya gasta sus reservas a un ritmo de 2.000 millones de libras por hora en defensa de su moneda. Es decir: ¡2.500 millones de euros o el equivalente a un rescate de Bankia cada 2 horas! El ministro de Economía y Hacienda Norman Lamont avisa al Primer Ministro de que la situación es insostenible, pero su consejo es rechazado.

Pasadas las 14.00h, se anuncia una segunda subida del tipo de interés; esta vez hasta el 15%. La bolsa de Londres recupera sus pérdidas, pero solo porque nadie cree que el gobierno británico podrá mantener tipos tan altos y se verá finalmente obligado a devaluar la libra.

A las 16.00h, los corredores de la City estiman que el Banco de Inglaterra ya ha gastado 10 mil millones de libras -12.600 millones de Euros- en defensa de la moneda nacional: el 40% de todas las reservas británicas de oro y divisas extranjeras. Y la libra esterlina continúa cayendo.

A las 16.30h, John Major tira la toalla. Llama la Reina para pedir una convocatoria del Parlamento en sesión extraordinaria y para anunciar que el Reino Unido abandona el mecanismo de tipos de cambio. Nosotros, el público, nos enteramos de la decisión pasadas las 19.30h, cuando el ministro de Economía y Hacienda sale a la calle en una tarde oscura y ventosa para enfrentarse a las cámaras de televisión.

Esa misma noche, después del humillante giro de 180°, un nervioso John Major llama al redactor jefe del periódico más popular del país, The Sun, para saber lo que va a publicar al día siguiente. Según el ex corresponsal de política de la BBC, su respuesta fue tan brutal como profética:

“Es así Primer Ministro: estoy aquí sentado en mi escritorio con un gran cubo de mierda sobre la mesa, y mañana por la mañana lo voy a echar todo en su cabeza”

Titular: “Ahora el consejo de ministros nos ha jodido a TODOS”

Es cierto que la crisis del SME también forzó la salida de la lira italiana del mecanismo, y que la peseta se devaluó un 5%, pero el efecto político en el Reino Unido fue devastador; especialmente para el partido de gobierno, los Conservadores.

En 2005 un ex ministro de los Conservadores reconoció que la humillación se había convertido en una “maldición electoral” para su partido. Los resultados mensuales de la empresa de sondeos Gallup muestran que el electorado británico consideró a los Conservadores como el partido más competente para manejar la economía solo una vez en los 12 años siguientes al Black Wednesday. Resultado: los Conservadores no volverían a ganar una elección nacional hasta la victoria del actual Primer Ministro británico David Cameron en mayo del 2010.

Y si alguien todavía duda del efecto continuado del Black Wednesday en el euro escepticismo del actual gobierno de Gran Bretaña, vuelva a revisar el video de este post. El primero de los jóvenes que acompañan a Norman Lamont en esa fría noche de septiembre no es otro que el propio David Cameron.

Como asesor especial del ministro de Economía y Hacienda David Cameron tuvo asiento de primerísima fila durante la debacle del 16 de septiembre 1992. No se lo iba a olvidar jamas aquel espectáculo.

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