El 20 aniversario del “Black Wednesday”

Posted on septiembre 9, 2012

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Dentro de una semana se cumple el 20 aniversario del Black Wednesday (el Miércoles Negro), una crisis financiera que casi destruyó la naciente Unión Monetaria Europea, y por causas parecidas a las de la crisis actual.

Recuerdo bien el desarrollo de los eventos tanto en España como en Inglaterra, porque durante los meses que condujeron hasta el día fatídico del 16 de septiembre de 1992 pasaba mi tiempo entre los dos países. Eran los días en que comenzaba una relación bígama con mi tierra de origen, Inglaterra, y mi tierra de adopción, España.

Es cierto que en Black Wednesday los roles se invirtieron en comparación con la crisis actual, al estar entonces el Reino Unido en el ojo de la misma tormenta que ahora descarga rayos y truenos sobre España. Sin embargo, tanto españoles como británicos tuvimos que aprender el nuevo vocabulario de la crisis. En otra época, términos como “márgenes de fluctuación monetaria” o “mecanismos de tipos de cambio” fueron tan inquietantes para el público como las noticias de hoy sobre “la prima de riesgo” o “las subastas de bonos”.

A diferencia de la crisis actual, la del Black Wednesday se centró en el mercado internacional de divisas y no en el de la deuda soberana. Todavía no teníamos Euro en 1992, pero sí vivía ya su precursor, el Sistema Monetaria Europea o SME, y el comportamiento dudoso de los protagonistas era incómodamente similar al de la crisis actual.

En 1979, los nueve miembros de la entonces Comunidad Económica Europea habían pactado el SME y su instrumento central, el Mecanismo de tipos de cambio (MTC). En 1989, España se unió al SME y al MTC y el entonces ministro de Economía, Carlos Solchaga, calificó esta decisión como “una de las más trascendentes que ha tomado el Gobierno”. Un año más tarde, la Primera Ministra Margaret Thatcher anunció que el Reino Unido también se uniría al mecanismo, pero con mucho menos entusiasmo.

Lo que los dos gobiernos hicieron de manera similar fue evitar cualquier explicación de las consecuencias económicas del MTC. Y como casi siempre el diablo está en los detalles.

El mecanismo restringió los tipos de cambio de las monedas de los países participantes a unos márgenes de fluctuación específicos. Cada moneda podía fluctuar, sea al alza o a la baja, en un máximo de 2,5% respecto a un valor de paridad asignado. En el caso de España y el Reino Unido se permitía un margen de 6%.

La idea central del MTC era reducir la variabilidad de los tipos de cambio europeos y lograr la estabilidad monetaria preparando así la Unión Monetaria Europea y el lanzamiento de una moneda común. Sin embargo, en pocos años el sistema empezó a mostrar graves problemas.

Como en la crisis actual, Alemania era el país con más peso en el MTC, debido al tamaño de su economía, y en aquella época también a la fuerza de su divisa, el marco. Además, sus intereses nacionales eran muy diferentes a los de los demás miembros del mecanismo. El Gobierno alemán estaba financiando la unificación de su país con un gasto público masivo, y para protegerse contra la inflación el Bundesbank necesitaba mantener unos tipos de interés muy altos. Esto hizo más popular todavía el marco en el mercado de divisas. Lo cual causó que otros miembros del MTC tuvieran que apoyar sus propias divisas con medidas cada vez más radicales para mantener la paridad con el marco.

Como hoy, había entonces dos formas de mantener el valor de una divisa: comprar la moneda nacional con las reservas de divisas extranjeras que tiene el propio país, o subir los tipos de interés ofrecidos a los mercados para convencerles de comprar la moneda nacional.

El problema es que subir los tipos de interés frena la actividad económica: justo lo que no necesitaban ni España ni el Reino Unido. El crecimiento de la economía española en 1992 era mínimo, con una tasa de paro rozando el 20%. La economía del Reino Unido estaba estancada y, como en la España de hoy, el país sufría del hundimiento del sector inmobiliario con un número record de embargos de casas.

La otra opción, comprar la moneda nacional a través de intervenciones del banco central, tampoco funcionó porque a principios de 1992 la Unión Europea había abandonado todos los controles de capital. Esto permitía los especuladores intercambiar miles de millones de dólares de divisas entre países y así superar la influencia de cualquier banco central.

Al igual que en la crisis de 2012, pronto quedó claro que lo único que podían ofrecer los políticos europeos eran palabras de compromiso con la estabilidad, cada vez más estridentes. A finales de agosto, el ministro de Economía español, Carlos Solchaga, afirmo “Hay instrucciones claras de que la peseta no debe devaluarse de ninguna de las maneras”. Su homologo británico Norman Lamont repetía lo mismo sobre la libra esterlina.

Sin embargo, no fue suficiente porque en otro paralelismo con la crisis actual los especuladores financieros no se creyeron lo que decían los gobiernos. En concreto, el financiero húngaro George Soros dio una instrucción a sus tenientes: “go for the jugular” (“tirar a matar”). En seguida su Quantum Fund colocó una apuesta de $10 mil millones en los mercados: que el Reino Unido se vería obligado a devaluar la libra esterlina.

En cuestión de días, el Sistema Monetario Europeo se situó al borde del colapso. La libra esterlina y la lira italiana se vieron obligadas a abandonar el SME y la peseta española se devaluó; la primera de tres devaluaciones en menos que un año. Por su parte, George Soros ganó 1.000 millones de dólares con su apuesta y el calificativo: “El hombre que quebró al Banco de Inglaterra”

Como ocurrió esto, y qué consecuencias políticas tuvo, en mi próximo post

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