El viaje de Edward Hopper a Madrid en 1910

Posted on junio 16, 2012

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La reciente inauguración en Madrid de la mayor exposición de obras de Edward Hopper que jamás se ha presentado en Europa continental ya ha dado lugar a gran cantidad de artículos sobre el artista norteamericano. Sin embargo, es sorprendente que no se haya escrito casi nada sobre su visita a Madrid en la primavera de 1910.

A los 27 años, Edward Hopper ya había hecho dos viajes a Europa. En 1906 y 1909, había visitado Ámsterdam, Berlín, Bruselas y Londres, pero había pasado la mayor parte de su tiempo en París, donde conoció el tratamiento de la luz que hacían los pintores impresionistas. Por lo tanto, no debe sorprendernos que cuando finalmente cruzara los Pirineos fuera la luminosidad del paisaje español lo que le llamara la atención. En una carta a su madre escribió:

“Me fui de París el 26 de mayo y pasó 28 horas en el tren a Madrid… El viaje en el tren a través de los Pirineos y el norte de España es extraordinario – Nunca he conocido vistas tan despejadas y tanto sol.”

Años más tarde, Hopper compararía este resplandor español con la de su país natal, Estados Unidos, y contrastarla con el clima del resto de Europa. “Con la excepción de España, la luz en Europa es diferente. Estos países no cuentan con los cielos despejados y el sol que tenemos aquí.”

Es cierto que la clara distinción entre la luz y la sombra que se ve en la obra de Hopper se parece más al clima de España que al del norte de Europa, y su arte carece del sentimentalismo de algunos impresionistas como Renoir. Como el académico Juan de Pablos Pons ha observado: “La luz representada por Hopper es una luz realista, descarnada, tan poco poética como exige el mundo cotidiano, en realidad es la luz de la vida, alejada de las ensoñaciones”.

Una vez en Madrid, Hopper se instaló en “una pensión muy buena en el centro de la ciudad.” Su decisión de alojarse en el corazón de la vida social no es sorprendente. Desde siempre le había fascinado el retrato de las relaciones sociales en la pintura de Gustave Courbet, Jean François Millet y Eduard Manet. Describió Madrid en una carta a su padre:

“No es muy grande pero es bastante moderno, con excepción de los medios de transporte. Los tranvías son muy lentos y los carros tirados por bueyes o mulas parecen el medio más popular para transportar mercancías”.

Con sólo 600.000 habitantes el Madrid a comienzos del siglo XX era una ciudad mucho más pequeña que otras que el artista había visitado, como Londres (7 millones) o París (4,5 millones). Pero era sin duda una ciudad en proceso de modernización. Apenas un mes antes de la visita de Hopper, se había iniciado la construcción de la Gran Vía con el fin de descongestionar el casco antiguo. Los tranvías que él menciona están muy presentes en este archivo fílmico de la capital española rodado en el mismo año que la visita de Hopper.

En algunos aspectos, el joven Hopper estaba siguiendo los pasos de su maestro de arte de Nueva York: Robert Henri ya había visitado España en varias ocasiones para pintar a la gente y, especialmente, a sus héroes: los toreros.

El 5 de junio, Edward Hopper asistió a una corrida en la antigua Plaza de Toros de Goya, en el barrio madrileño de Salamanca. Pero no fue una experiencia feliz. Según informes de prensa, varios caballos murieron y el público protestó por la mala calidad de la lidia. Hopper escribió a su hermana:

“Fui a una corrida de toros el domingo pasado y me pareció mucho peor de lo que pensé que sería. La matanza de los caballos por el toro es horrible, aun más, ya que no tienen ninguna posibilidad de escapar y se dirige el caballo hacia el toro para ser sacrificado. No es lo que llamaría un deporte emocionante, es simplemente brutal y repugnante. “

Fue una experiencia que retrataría en un grabado pequeño siete años más tarde, el único recuerdo artístico de su viaje a España.

Está claro que Hopper no compartía el mismo entusiasmo por los toros que Hemingway iba a mostrar años mas tarde. De hecho, la principal razón por su viaje a Madrid siempre había sido para visitar el Museo del Prado. “Tengo muchas ganas de ver la galería allí”, le había dicho a su madre en una carta anterior.

Tanto como ahora, el Museo del Prado era la cuna de las obras maestras de la pintura española, y a pesar de sus estancias entre los artistas vanguardistas de París, fue una elección natural.Como explica en la página web de una universidad estadunidense, “(Hopper) no se vio afectado por los experimentos franceses y españoles en el cubismo. Fue influenciado principalmente por los grandes artistas realistas de Europa; Diego Velázquez, Francisco de Goya, Honoré Daumier y Edouard Manet – a cuya obra le habían introducido sus maestros en Nueva York. “

Más tarde, el mismo Hopper recordó:

“En la escuela Chase habíamos pintado como Manet. Henri era un gran admirador de Manet y Manet se había visto influenciado por los tonos planos, bajos y oscuros de los artistas españoles”.

Por supuesto, algunas de las obras más oscuras que se exhiben en el Museo del Prado son las Pinturas Negras de Goya, un artista de quien Hopper opinó: “Tenía fuerza, y visión”.

Incluso, se puede especular si Goya no tuvo una influencia directa sobre la obra más inquietante de Hopper. Por ejemplo, al escribir sobre una de las obras más célebres del artista estadounidense, “Gas”, el crítico inglés AA Gill observa:

“Es simplemente una imagen de tres surtidores de gasolina del lado de un camino. El tema es tan anodina, tan completamente familiar, sin embargo, aparece como amenazante y temible como una pesadilla de Goya. “

En total, Hopper estuvo solo 11 días en Madrid. Esta tercera visita a Europa iba a ser su última. Había visto todo lo que tenía que ver y ahora iba a inspirarse con los paisajes de su propio país; los Estados Unidos del siglo XX. No iba a ser una transición fácil, como recordó más tarde. “Me pareció todo muy crudo y salvaje aquí, cuando llegué. Tardé diez años en superar el viaje a Europa.” Sin embargo, tuvo para siempre la luz de España y la oscuridad de Goya para acompañarle en su viaje artístico.

(Nota a los lectores: Para los que quieren saber más sobre la vida del artista, recomiendo “Edward Hopper: An Intimate Biography” por Gail Levin que he utilizado como un fuente principal para este post.) 

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