La excentricidad española

Posted on mayo 10, 2012

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En mi post anterior noté que la connotación de la palabra excéntrico es menos positiva en la lengua española que en la inglesa y quizás por eso es más difícil encontrar ejemplos de personajes excéntricos en la península ibérica. Sin embargo, la rareza relativa de esa condición en la cultura española hace el fenómeno todavía más interesante, precisamente porque los excéntricos no son tan apreciados por la población en general.

Salvador Dalí

Probablemente el excéntrico español más conocido en el mundo es Salvador Dalí; un personaje especialmente apreciado en Inglaterra. En 1936, el artista dio una conferencia en Londres vestido con un traje de buceo de metal y con dos lobos rusos sujetos con correas. Al público le encantó, incluso cuando Dalí casi se asfixia y tuvieron que quitarle el casco por medios mecánicos.

Por supuesto, hay quienes acusaban a Dalí de ser un loco, arrogante o simplemente un showman pero  eso es hacer caso omiso de su genio como artista. En este sentido, las palabras de otro excéntrico, la poetisa inglesa Edith Sitwell, son esclarecedoras:

La excentricidad no es, como se suele pensar, una forma de locura. Habitualmente es una clase de orgullo inocente, tanto el genio como el aristócrata a menudo son recordados como excéntricos porque ambos actúan sin temor y no son influenciados por las opiniones y los caprichos de la muchedumbre.

La Duquesa de Alba

Me parece que en lo del “orgullo inocente” da en el clavo. También parece verdad que hay un número desproporcionado de excéntricos entre la aristocracia tanto en el Reino Unido como en España. Solo hay que mirar los titulares de la prensa británica sobre La Duquesa de Alba con sus medias de colores, su afición por el baile flamenco y por maridos varios años menores que ella.

Sin embargo, los británicos no ven esta posición social como una condición previa para la excentricidad. En cambio, aquí en España, más de un amigo me ha comentado que hace falta ser rico o aristocrático para ser considerado excéntrico y, al no serlo, el comportamiento de la persona es simplemente visto como una muestra de locura.

Pedro Almodóvar

Otra diferencia que quiero destacar es la existencia de excéntricos “con causa” en España mientras la mayoría de excéntricos británicos no tienen un fin relacionado con su excentricismo. No estoy hablando de excéntricos que son conscientes de serlo pero más bien personas que utilizan el excentricismo para logar ciertos objetivos o protestar contra algo. Me parece que era el caso del joven Pedro Almodóvar cuando actuaba en el dúo glam-rock paródico Almodóvar y McNamara mientras dirigía películas como Pepi, Luci, Bom… y  ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

La obra del joven Almodóvar se puede ver como un acto de rebelión contra el legado conservador de 40 años de Franquismo y cuando la excentricidad dejaba de ser útil para sus fines, él dejo de ser excéntrico. Y no hace falta ser de la izquierda para ser un excéntrico con causa. Mira el ejemplo del empresario Ruiz-Mateos que se visto de Superman en los ochenta solo para recuperar sus negocios.

Ramón del Valle-Inclán

Tampoco es un fenómeno reciente. De hecho, se me ocurre que Ramón del Valle-Inclán era quizás el mejor ejemplo de esta excentricidad con causa en la cultura española. Leí  Luces de bohemia hace años pero hasta hace poco no sabía casi nada de su movida y atormentada vida. Su larga barba y el hecho de auto titularse marqués de Bradomín seguramente se puede clasificar como excéntrico. Sin embargo, con su vocifera oposición a la dictadura de Primo de Rivera y su desprecio por la aristocracia, su excentricidad tenía mucho más de intencionalidad de la que se encuentra en un excéntrico británico.

Quizás el contexto histórico puede explicar en parte esta diferencia. Mientras la estabilidad política de Inglaterra ha producido una plétora de excéntricos inocentes, la historia española turbulenta  del siglo 20 ha producido excéntricos más luchadores.

Por supuesto, no hay que exagerar esta diferencia. Después de todo, personajes españoles como La Duquesa de Alba son excéntricos sin causa y dudo que Salvador Dalí tuviera muy claro sobre lo que quería protestar cuando se vistió con traje de buceo en Londres.

Sea cual sea el tipo de excentricidad, me parece que es una característica que hay que cuidar. Como dice el filósofo inglés John Stuart Mill:

La cantidad de excentricidad en una sociedad ha sido generalmente proporcional a la cantidad de genio, vigor mental y valentía moral que contenía. Que tan pocos se atrevan a ser excéntricos marca  el principal peligro de la época.

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