Repsol-YPF: Detrás de la demagogia

Posted on abril 20, 2012

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Hace unos días me llegó este fotomontaje vía Facebook. La imagen del presidente del gobierno español secuestrando al futbolista más conocido de Argentina no carece de humor satírico. Pero también sirve para ilustrar la observación reciente del periodista Iñaki Gabilondo: el debate actual sobre la nacionalización de Repsol-YPF no se debe tratar como un partido de futbol.

Ovarios contra testículos

En vez de plantarse en el terreno de “Ovarios contra testículos”, Gabilondo apuesta por la vía de la justicia internacional para solucionar el conflicto económico. Dada la renuencia histórica de la Argentina a pagar indemnizaciones ordenadas por el tribunal de arbitraje del Banco Mundial, no soy tan optimista. Sin embargo, estoy de acuerdo en que el patriotismo exagerado no tiene mucho que ver con la realidad económica en este asunto.

En el caso de Argentina me parece que la alegría y aclamación a Cristina Fernández que hemos visto en las calles de Buenos Aires pueden fácilmente terminar en lágrimas. Así terminaron celebraciones similares en diciembre 2001 cuando otro gobierno anuncio que no iba a pagar la enorme deuda externa del país.

¿La nacionalización va a beneficiar al pueblo argentino?

El principio de expropiar una empresa por razones de interés público se acepta en la mayoría de los países, incluso España (Articulo 33.3). Pero según varios juristas argentinos, la forma en que se ha expropiado YPF es ilegal. Otra cosa es si la nacionalización va a beneficiar al pueblo argentino de todas formas. La Presidenta afirma que “está demostrado en esta administración que los recursos del Estado pueden ser administrados correctamente”. Como ha observado el periódico argentino La Nación, “Ahí están Aerolíneas Argentinas, Enarsa, ANSES y los subsidios al transporte (trenes, subtes y colectivos) -entre varios otros ejemplos- para certificar lo contrario”. Es verdad que Argentina es la tercera potencia en el mundo en recursos de gas de esquisto, conocido como shale gas en inglés, pero hace falta inversión extranjera masiva para extraer esta riqueza potencial y la nacionalización de YPF ya ha desanimado los chinos

¿Qué tiene que ver Repsol con el pueblo español?

Dicho esto, en el caso de España, tampoco es fácil entender la ola de indignación popular por la suerte de una empresa multinacional. El catedrático de economía Jorge Fonseca afirma que Repsol ha financiado una gran parte de su expansión global con beneficios de su explotación en Argentina y que estos beneficios no iban al público español sino a sus accionistas principales, Caixabank, y a la Sacyr de la burbuja inmobiliaria. Además, como suele ser el caso con las multinacionales, la mayoría de Repsol ni siquiera está en manos españolas. Según la distribución accionarial de Repsol, Caixabank y Sacyr, junto con  otros inversores españoles, controlan el 43% de la petrolera, mientras la petrolera mexicana PEMEX y otros accionistas extranjeros controlan un 52%.

Es verdad que un informe de Repsol parece refutar algunas de las cifras del Profesor Fonseca, y que yo no soy experto  técnico contable para juzgar quién tiene razón. Sin embargo, si la tiene Repsol y sus inversiones en Argentina han superado sus resultados desde 2006, quizás la perdida de YPF no sea  tan grave.

El mundo opaco de las empresas petroleras

Moralmente, Repsol se presenta como la víctima en este caso, pero el mundo de las empresas petroleras es famoso por su opacidad, y ya en otras ocasiones el comportamiento de esta  multinacional ha sido también cuestionado. Por ejemplo en 2009, el periodista español Gervasio Sánchez, criticó a Repsol por dirigir la política exterior española. Vale la pena leer su relato de los viajes del ex ministro de asuntos exteriores Miguel Ángel Moratinos con el actual presidente de Repsol a Guinea Ecuatorial y a la República de Kazajstán, países con poco respeto por los derechos humanos.

La trampa del nacionalismo

Todo esto no significa  que Repsol sea  peor que otras. (De hecho, se puede argumentar que las gigantes petroleras de mi propio país, BP y Shell, son mucho peores). Ni tampoco significa  que el pueblo argentino nunca se vaya a beneficiar del nuevamente nacionalizado YPF, aunque lo dudo a corto plazo. Solo quiero destacar que hay  cosas que merecen más nuestra devoción que políticos y multinacionales. Y que cuando se trata de patriotismo siempre está bien recordar las palabras del escritor George Orwell:

“El nacionalismo es hambre de poder atemperada por autoengaño.”

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Posted in: Economía, Política