¿A que nos importa la felicidad?

Posted on enero 18, 2012

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Cuando Mariano Rajoy decía, durante su campaña electoral, que iba a devolver la felicidad a los españoles, por un momento pensé que iba a seguir el ejemplo de su homólogo británico David Cameron.

El año pasado, el primer ministro conservador anunció planes para la creación de un índice de felicidad nacional. Éste, que incluye una consulta pública, tardará varios meses y costará unos 2,5 millones de euros. Pero Cameron sostiene que es necesario porque el crecimiento económico “es una forma inadecuada para medir el progreso del país”.

Como crecimiento económico es justo lo que el Reino Unido no tiene en estos momentos hay quienes ven en su argumento algo de oportunismo. Pero eso no explica todo porque la economía española no va mejor y Rajoy, en cambio, se limitó a exponer temas tradicionales como impuestos, crecimiento y empleo durante su primera entrevista como Presidente del Gobierno.

¿Quién quiere ser millonario?

¿Entonces por qué existe este enfoque diferente entre dos gobiernos conservadores que se enfrentan a la crisis? Quizás tiene que ver con la situación económica de los miembros de cada gobierno. Cuando se trata del viejo refrán “El dinero no da la felicidad”, puede ser que a Cameron, con un patrimonio de unos 5 millones de euros y a 23 de sus 29 ministros también millonarios, les parezca más convincente. En comparación, las fortunas de Rajoy y sus ministros son casi modestas.

En fin, reconozco que es un argumento un poco malvado. La cuestión de la felicidad es algo que nos preocupa a todos. Pero todavía queda por decidir si las medidas tradicionales como el crecimiento económico son suficientes para determinar la felicidad de un país.

Indicios gráficos

En 2010, la revista británica The Economist publicó unos gráficos. El de la izquierda comparó países según la riqueza y felicidad de sus ciudadanos. Bueno, para ser exacto, comparó Producto Interior Bruto per cápita medido según paridad de poder adquisitivo (GDP per person at PPP)  y satisfacción vital (Life Satisfaction) medida por encuesta.

Los resultados son interesantes. A excepción de los países más pobres, parece que la correlación entre la felicidad y la riqueza es por lo menos discutible. Por ejemplo, se ve que los españoles tuvieron un nivel de satisfacción con la vida un poco más alto que los británicos a pesar de ser significativamente menos ricos. La diferencia entre Estados Unidos y Venezuela era todavía más chocante; igualdad de felicidad a pesar de una diferencia de riqueza enorme.

(No es de sorprender que The Economist, para salvar su conocida tesis neo-liberal, ofreciera un segundo gráfico (el de la derecha) utilizando una escala logarítmica para los aumentos del PIB. Pero eso solo mostró que en la medida que el PIB de un país progresa, hace falta aumentos cada vez más grandes para conseguir pequeños avances en felicidad.)

Una felicidad cuestionable

¿Pero si prosperidad no es suficiente para determinar nuestra felicidad, cuáles son los factores más pertinentes? A los británicos les toca decidirlo antes del 15 de abril, cuando termine la consulta pública.

Tengo algunas sugerencias pero tendrán que esperar a otro blog. Mientras tanto, confieso que una de las cosas que más feliz me hace es reír y en este sentido algunos de los comentarios de los británicos sobre la consulta ya me han servido:

“Yo sería mucho más feliz si tuviera todo el dinero que el gobierno está malgastando en esta encuesta…Algunos creen que la participación en grupos voluntarios aumenta la felicidad. Quizás lo deberían hacer obligatoriamente…Me temo que si el gobierno descubriera lo que nos hace felices, nos gravaría un impuesto”.

Quizás tuviera razón el filosofo británico John Stuart Mill: “Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo.”

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